Lunes, 11 de Febrero de 2013 22:46

Envejecer con todos, como todos, donde todos

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El envejecimiento no depende sólo de los genes, también está condicionado por la biografía personal, la trayectoria vital de cualquier persona, tenga o no discapacidad. Sin embargo, el hecho de presentar una discapacidad también puede condicionar este proceso, y mucho. Existen pocos estudios e investigaciones sobre este fenómeno tan novedoso, pues las personas con discapacidad no han llegado a disfrutar de la tercera edad en la mayoría de los casos. Para afrontar este desafío, los expertos recomiendan un envejecimiento activo y un constante apoyo en la asistencia personal.

Para los mayores con discapacidad la realidad puede ser por lo tanto muy distinta, aunque a veces cuentan con cierta ventaja, ya que ellos llevan muchos años conviviendo con la discapacidad, con los obstáculos y barreras, con algunas deficiencias o dependencias que les han obligado a llevar una vida muy activa para poder afrontar las limitaciones que se encontraban cada día.

Y se trata además de una realidad algo novedosa, tal y como explica Gonzalo Berzosa, psicólogo y gerontólogo, director de INGESS (Instituto de Formación en Gerontología y Servicios Sociales): “Al hablar de cómo envejece la discapacidad nos estamos refiriendo a un amplio  colectivo que aglutina personas con distintas discapacidades ya que pueden ser físicas, sensoriales, intelectuales, sobrevenidas, etc. Uno de los aspectos comunes a todas ellas es que van a vivir muchos años, es decir, van a envejecer. Y esto es novedoso porque hasta hace poco tiempo, la mayoría de estas personas sólo tenían pasado y presente. Hoy, gracias a la atención temprana, la educación, la inclusión en el mundo laboral, la formación permanente, los servicios socio-sanitarios y a su visibilidad social, van a vivir muchos años. Ante este hecho se trata de dar vida a sus años y no sólo años a sus vidas”.

Envejecimiento activo

Para lograr que esos años sean auténticamente vividos, hay que promover el envejecimiento activo, que según la OMS (Organización Mundial de la Salud) es el proceso de hacerse mayor sin envejecer mediante el desarrollo continuo de actividades físicas, sociales y espirituales a lo largo de toda la vida.

Y para que las personas con discapacidad accedan a ese proceso, también son necesarias algunas apuestas importantes, que Agustín Huete, sociólogo y director de Intersocial, resume en pocas palabras: “fuera barreras mentales a la inclusión y diseño de apoyos para envejecer en el entorno natural”.

Gonzalo Berzosa explica que lo primero que hace falta es una toma de conciencia, es decir, concienciarse de que van a vivir muchos años y que es necesario prepararse para esa etapa de la vida de persona mayor: “Una buena receta de preparación eficaz es seguir los planteamientos de la Organización Mundial de la Salud que demanda mantenerse activo en mente y cuerpo y fomentar las relaciones con otras personas. En referencia a las personas con discapacidad los planes se pueden resumir en tres puntos: Uno, cuidando la propia salud con hábitos de vida saludables. Dos, no abandonando ni la actividad física ni la actividad mental. Tres, manteniendo relaciones y vínculos con otras personas no sólo dentro de la familia, es decir estar presentes en la vida social, cultural y de ocio  de la comunidad en la que se vive”.

Sin embargo, el abordaje de esta cuestión es aún complicado pues no existen estudios e investigaciones sociales. Según Gonzalo Berzosa las principales lagunas que oscurecen el proceso de envejecimiento de las personas con discapacidad se encuentran en la falta de modelos de envejecimiento satisfactorio: “Hay modelos de inclusión en la escuela, modelos de inclusión en el ocio, el deporte y la vida laboral, pero faltan modelos de ser persona mayor activa, relacionada y presente en la vida comunitaria”.

Para Agustín Huete, el envejecimiento de las personas con discapacidad es un desafío positivo, una ventaja y un éxito, pero a su vez presenta la necesidad de una respuesta adecuada: “Es un fenómeno relativamente novedoso, un éxito que implica nuevos retos; en mi opinión es una ventaja si somos capaces de evitar que se generen espacios de exclusión o discriminación por causa de discapacidad. Las personas con discapacidad deberían envejecer en su entorno natural con los apoyos que sea preciso; hay que huir de guetos, instalaciones, espacios específicos, con más intención que nunca. Las necesidades no son tan diferentes. Hay que adaptar los recursos para todos, no generar nuevos. Es ineficaz, discriminatorio y muy caro”.

Como todos y con todos

Pese a todo, en el mundo de la discapacidad también se aprecian algunas ventajas que acompañan a los mayores en su proceso vital. Así lo entiende Agustín Huete: “Tenemos una ventaja clarísima: ya sabemos qué ocurre cuando se separa a las personas con discapacidad del resto en la escuela, en el trabajo, en el ocio, en la vida. Hemos comprobado que tratar diferente por causa de discapacidad es discriminatorio. La ley así lo reconoce. Por tanto debemos impedir que la discriminación se reproduzca en los procesos de envejecimiento. Envejecer, con todos, como todos, donde todos. Sin que la discapacidad justifique omisión de tratamientos, apoyos o recursos”.

De hecho, los apoyos y los recursos son quizás el principal aliado de las personas que envejecen, de todas las personas. En el caso de la discapacidad, se detecta una pérdida de autonomía y de fuerza muscular que no favorecen los desplazamientos y que generan miedos, inseguridades, y apatía, lo que se une a la presencia de las barreras arquitectónicas. “La autonomía personal se desarrolla mejor en entornos que estén adecuados en lo físico y ambiental a las necesidades asociadas a su edad biológica o emocional. La vivencia de inseguridad en estas personas está asociada a la disminución de técnicas de afrontamiento para hacer frente a los procesos de cambio y a la pérdida de la memoria debido a falta de concentración. A su vez la vivencia de inseguridad es la consecuencia de los miedos ante el envejecimiento de los miembros de su familia, la pérdida y cambio de referente familiar y el desconocimiento de posibles alternativas a su situación personal”, explica Berzosa.

Para Agustín Huete la clave de todo consiste en que las personas con discapacidad deben aprender a vivir en autonomía con apoyo, sin depender de otros, ya que, explica: “cuando la persona con discapacidad recibe muchos apoyos de su entorno familiar, el envejecimiento verdaderamente dramático es el de los padres, que viven con una inquietud y angustia enorme el momento de su ausencia”.

Asistencia personal

Envejecer es un proceso muy social, además de biológico, asegura Huete. Discapacidad y edad son variables muy relacionadas, de forma directamente proporcional; conforme aumenta una, aumenta la otra. Y resulta complicado hacer una tipología sobre discapacidad y envejecimiento, además de poco recomendable, sostiene, porque depende también de los servicios disponibles, los apoyos y la actitud de la propia persona y su entorno.

En cualquier caso, lo necesario es contar con apoyo, con asistencia personal. Por parte de los gobiernos e instituciones públicas, cabe esperar una reacción responsable: “deben aprovechar que existe información fiable sobre evolución demográfica para preparar los apoyos necesarios; confiar más en la Asistencia Personal, en el apoyo individualizado, y menos en los grandes recursos específicos de épocas pasadas”.

Mientras, en las entidades de la discapacidad también deben actuar en consecuencia, y así lo resume Gonzalo Berzosa: “Deben informar de la necesidad e importancia de adaptar el entorno físico familiar, la casa, a los cambios que conlleva el envejecimiento. Elaborar una guía de buenas prácticas para desarrollar en los centros que incluyan actividades de preparación a la nueva etapa de adulto mayor a través de jornadas de convivencia. Concienciar a las familias de la importancia de que las personas con discapacidad vean un envejecimiento activo entre padres, hermanos, abuelos y demás familiares con el objetivo de ser modelo”.

En este sentido, Agustín Huete recomienda también a las entidades que aprovechen la información fiable sobre la evolución demográfica para preparar los apoyos necesarios, y añade: “confiar más en la asistencia personal, en el apoyo individualizado, y menos en los grandes recursos específicos de épocas pasadas.

Reportaje de Blanca Abella, publicado en el Boletín nº 66 de Cermi.es, en el que participan Gonzalo Berzosa y Agustín Huete, de www.intersocial.es 

Texto completo aquí: http://semanal.cermi.es/boletin/137.aspx